lunes, 28 de octubre de 2019

Que cinco años no es nada

El retrato al oleo de Carlos Gardel es obra de la pintora Barbara Carman
Volver. Después de cinco años de la última entrada en este blog.
No es que haya dejado de escribir. Nunca.
En este tiempo, he escrito mucho sobre participación, que es de lo poco que entiendo un poquito (casi nada, en verdad), en el blog colectivo "Apuntes para la Participasión", dedicado a temas de participación social y ciudadanía. 
También he escrito en el blog gaditano "El Tercer Puente", que se ocupa de temas más cercanos, de la realidad de esta ciudad querida en la que elegimos vivir, hace ya 23 años. 
Además, he escrito muchas pequeñas notas en Facebook sobre todo lo que se ha cruzado en mi campo de interés: apuntes contingentes, impresiones de viaje, notas a pie de página...
Me gustan las redes sociales, por la facilidad inmediata que proporcionan para la opinión, para el intercambio -aunque también el riesgo de columpiarse-. La sensación de patio de vecindad (o plaza pública, que decía Antonio Rodriguez de las Heras) donde se cruzan muchas conversaciones,
Y, al mismo tiempo, las aborrezco, porque están llenas de mentiras, por su caducidad feroz que devora vertiginosamente noticias y opiniones, porque te envician en el juego narcisista de los "me gusta" y los retuits, y porque a menudo se convierten en espacios antipáticos y maleducados donde las gentes sacamos a pasear nuestros malos humores, nuestros odios y nuestras broncas, vociferando, sin escucharnos apenas. Muchas veces he pensado en abandonar las redes, pero no lo he hecho porque son un medio de comunicación alternativo a los medios convencionales, cada día más manipulados por los intereses de los grupos de poder económico.
Pero tenía abandonado este espacio más personal, y probablemente pasado de moda (¿quién escribe blogs hoy en día?), porque no es fácil mantener un ritmo constante en la opinión y la reflexión sobre los temas de la vida, y mucho menos en este tiempo vertiginoso y cambiante.
Cinco años después, la incertidumbre, el desorden, la confusión, la desesperanza, son mayores aún. Si el futuro no estaba nada claro entonces, hoy parece mucho más oscuro.
Y, sin embargo, vuelvo a escribir aquí. Tal vez porque no espero que me lea nadie. Porque este rincón escondido me permite expresarme más libremente, o pensar en voz alta. Sin prisas, sin compromisos.

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